Historias de hojaldras con autor invitado

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Julio Navarro

 

Solía beber cerveza. Era la bebida universal para el buen convivir, capaz de sacar temas de conversción tan estúpidos como el futbol o tan profundamente desorientados como los poemas de Bukowski. Amaba más a Charles que a once detrás de la pelota.

Ese día decidí que no tomaríamos cerveza. Era tu cumpleaños y tenía que ser especial. Conocíamos moteles de paso donde aprendimos muchas experiencias. Pero esta vez sería un hotel. El más caro, con room service, alberca y jacuzzi en la habitación. El plan se resumía en pasar veinticuatro horas haciendo el amor en cada lugar que se nos ocurriera del hotel y que no fueramos descubiertos. En la maleta, solo traía tu regalo: un poema que escribí una noche anterior al descubrir la inmensidad de tu belleza, 6 botellas de vino y dinero en efectivo para pedir a cualquier hora.

Mi melomanía me decía que necesitaba un disco especial. Lo suficientemente sexy para seducirte. Quince tracks que buscaban decirte que te deseaba desde lo más profundo de mi ser. Sin embargo jamás pude lograr una lista definitiva y se fue dando poco a poco.

10:00 a.m “Trip Through Your Wires” de U2 sonaba al llegar a tu casa. Usabas tus gafas oscuras y un vestido, que desde que lo ví, sabía que tu ropa interior sería más interesante. Subiste al auto, me besaste y dijiste – ¡Vámonos!-. Aceleré y nos alejamos de la ciudad.

10:20 a.m “Light my Fire (Kenny Dope remix)” de Shirley Bassey estaba por terminar. Siempre el track dos no es tan importante hasta que escuchas todo el disco o lo recuerdas en retrospectiva. Llegamos al hotel, solicitamos la habitación y mientras estaba firmando en el mostrador, sentía tu mano recorrer mis pantalones buscando mi pene. Te divertía saber que no podía hacer nada y que tampoco serías descubierta.

“Every Little Thing She Does Is Magic” de The Police sonaba en el elevador camino hacia la habitación 503. Te dije -Esa canción me gusta pero se me hace muy tonta- y respondiste – Te quiero coger, callate-.

10:35 “Breathe” de Telepopmusik haría que cumplieras una de mis fantasías. Te desnudarías poco a poco, lentamente frente a mi. Me dejarías tocarte y me provocarías con tus labios. Como lo había pensado, tu vestido no era tan interesante como tu ropa interior. Me hiciste recordar aquella vez que vimos porno en un motel donde una de las chicas usaba liguero y sólo usaba un pequeño short negro. Sabías que me había exitado y querías que ahora sólo estuvieramos tu y yo. No dijiste nada.

10:50 “Don’t leave me now” de Amparanoia, era de tus favoritas. Te gustaba hacer el amor mientras me susurrabas al oído “don’t leave me now… I’m going to you”, ese coro se repetía muchas veces sin importar si la canción fuera triste o muy sensual, ese no era el asunto. Sólo te gustaba abrazarme y repetirlo una y otra vez. Cuando sonaban las guitarras nos volviamos orales, era una especie de señal. Un placer donde acariciaba tus piernas hasta llegar a tus nalgas y mi lengua te recorría con la mayor suavidad posible.

15:00 “Sister” de Lenny Kravitz nos despertó. Era el hambre y el momento es que solías retirarte a esa pequeña burbuja que solías crear. Tomaste una sábana y caminaste hacia la ventana. La lluvía lejos de arruinar la tarde, sólo mejoró la iluminación. No te importó si alguien te veía. Te sentaste en ese balcón mientrar algunas gotas de agua te mojaban. Mirabas al horizonte con en búsqueda de respuestas. Me pediste que subiera el volumen. Cerraste tus ojos y empezaste a llorar. Sabía que no tenía que ir, era la manera en la que algunas veces disfrutabas las cosas. Tu sola en silencio. Repetiste cinco veces la misma canción. Entraste y sólo dijiste – ¡Comeremos camarones! saca otra botella de vino-.

15:45 “Let Go” de Frou Frou. El problema del room service es que no entienden que después de algunos orgásmos da mucha hambre y se requiere comer lo antes posible. Mientras esperabamos lo único que podíamos hacer era volver a besarnos con la meta de no desundarnos, en cualquier momento podría llegar la comida. A veces prefería no cerrar mis ojos y mirarte. Sé que no es cuerdo declararlo, pero algunas veces llegué a jugar mientras nos besabamos. Había varios muy divertidos, pero el que más me gustaba se trataba de descifrar que significaba cada uno de los movimientos de tu lengua, de tus lengua y sí seguías algún patrón que se pudiera repetir y que pudiera traducir en música. Jamás lo logré y siempre me sorprendiste en medio de mis pensamiento. Supongo que te dejaba de besar.

16:20 “I feel you” de Depeche Mode. Llegó la comida. El menú: un Fetuccini Alfredo con camarones. Camarones empanizados en coco con salsa de mango. Pan de Ajo recién salido del horno, una ensalada de frutas exoticas y de postre había fresas y panquesillos rellenos de queso azul y chocolate. Miraste las fresas detenidamente. Estabas pensando en la típica fantasía de hacer el amor con fresas. En el momento en que te descubrí me diste esa mirada retadora. Sabía que algo estabas planeando.

17:20 “Swan Lake – Ballet Suite” de Tchaikovsky. Ignoro porqué elegiste esa canción. Me sorprendió. Me encanta escucharla en alto volumen, pero ese día, el volumen era medio, apenas podías distinguir los instrumentos. Me miraste fijamente por un momento. De repente te paraste y tomaste la botella de vino que estaba en la mesa. Te postraste frente a mi, me besate y cada que tus labios no estaban sobre mi cuerpo le dabas un trago a la botella. Llegaste de nuevo a mi pene y mientras lo besabas y bebías más vino, tu boca cada vez era más caliente. Tu mirada retadora chocaba con mi desesperación de no saber que hacer. Si intentaba agarrarte me detenías. Sostenías mis piernas y si cerraba los ojos me obligabas a abrirlos de alguna u otra manera. Mientras sentía mi abdomen temblar tu sólo seguías bebiendo más vino. Veía tus pupílas dilatarse pero era imposible que me pudiera mantener cuerdo en aquel momento. Justo cuando iba venirme, sólo me sujetaste para preguntarme -¿Te gustó Tchaikovsky?-

17:40 “Closer” de Nine Inch Nails. El embriagado era yo. No podía pensar en otra cosa que no fuera poseerte de todas las maneras posibles. El sillón verde que tenía la habitación fue lo primero que encontré para penetrarte. Jamás nos habíamos dejado llevar por nuestros instintos sexuales. No había nada más. No había espacio para otros pensamientos. Era agresivo, lleno de mordidas, arañazos, de palabras duras que taladreaban los oídos. Eran una lucha de supervivencia en donde sólo buscabamos placer. Había sudor y ese sabor extraño que me dejaba lamerte los pezones tantas veces. tus piernas en mis hombros y los movimientos de una vaiven cada vez más pronunciados. Siempre detesté el verde, ese sillón hacía la habitación imperfecta y mientras haciamos el amor nos dedicamos al mismo tiempo a destruirlo, a desgarrarlo, patearlo, sudarlo y mancharlo hasta que quedara inservible.

18:20 “The Sweetest Gift” de Sade. Era de tomar un pequeño descanso. El Lovers Rock era un disco que poníamos en ocaciones especiales. Además, no te había dicho -feliz cumpleaños-. Platicamos de todos los sueños que teníamos. Personales y todos aquellos en los que podíamos coincidir. En aquellos días “el aceite y el agua se podían mezclar siempre y cuando se mantuvieran agitados” ese era nuestra perspectiva de destino. Mantenernos “agitados”. No sabíamos nada de la vida y tampoc sabíamos que el destino tiene sus misterios.

22:12 “Witness” de Sarah McLachlan sonaba mientras nos preparabamos para nadar un rato. El agua de alberca iluminada se veía increiblemente brillante y no podíamos desperdiciar la oportunidad de nadar solos en aquel lugar. Sin preocuparnos de nada. Salimos de la habitación listos para divertirnos. Nos besamos en cada rincón que nos pareciera propio o impropio (para el resto de los huéspedes). Nos cansamos y nos acostamos en los camastros para mirar las estrellas. Tu dijiste – Si se puede tomar el sol, se pueden tomar las estrellas- y así fue. Dejamos que las estrellas nos iluminaran hasta que el silencio cada vez fuera más y más profundo.

23:45 “Las De La Intuición” de Shakira. No sé de donde sacaste esa canción. Pero cantabas de manera muy seductora. Brincabas y bailabas con una felicidad que me contagiaba. Creo que venía de la radio la canción, pero para que conocieras la letra, era obvio que la habías escuchado muchas veces atras. “Creo que empiezo a entender… despacio… despacio” Era el coro que había aprendido esa noche. Me desarmaste y no supe como contestar tu espontaneidad. Me daba pena seleccionar una canción y fingir que te la cantaba, me dediqué a reir contigo y bailar con la poca psicomotricidad que tenía. Me abrazabas y fingías sostener un microfono mientras yo sólo repetía el coro. ¿Shakira? me sabía ese coro sólo por ti. Era otra huella de ti en mi. Si hubiera sabido que te gustaba esa canción, hubiera comprado ese disco y te lo hubiera regalado.

24:00 “Conciencia latina” de Sussie 4. Se trataba de celebrar, en una fiesta de dos. Pedimos de cenar. Y como era de esperar. Tu selección fue: una hamburguesa de camarón con fresas en escabeche. Una pizza de camarones y pimientos. Dejando atrás los buenos modales, pedimos catsup y salsa picante. Papas a la francesa y el resto de las botellas de vino que nos quedaban. Sacaste de tu bolso una pequeña cigarrera y fumabas degustando el humo. Cada vez nos embriagabamos más y más. Perdíamos el sentido del equilibrio y te gustaba caer en mis brazos para dejarnos caer sobre la cama y reir.

02:00 “Digital Love” de Daft Punk. Nos seduciamos embriagadamente, haciamos el amor por momentos breves, y volvíamos a bailar. Si alguno de los dos intentaba dormir el otro lo despertaba con sexo oral hasta que volviera a tener los ojos abiertos. Nadie nos podía detener, y nadie podría descibrir lo que sucedía en esa habitación. Era la sensación de felicidad más extraña que habíamos vivido. Nuestros cuerpos se rendían mutuamente.

En algún momento de la noche nos quedamos dormidos. La resaca era brutal, y nuestros cuerpos habían recibido la peor paliza que pudieran haber tenido. Para eso sirve la juventud. Algún día tantas toxinas saldrán. Pero el recuerdo de esa noche, nunca.

Es extraño que toda esta historia se me venga a la mente diez años después. En este café de mal gusto. Hemos cambiado, pero tu sigues teniendo esa hermosa sonrisa. Ambos hemos conseguido alguna parte de nuestros sueños. -¿Cómo te ha tratado la vida?- es ahora, la pregunta que inicia la conversación. Ambos escondemos nuestros anillos de matrimonio y nuestras oraciones se vuelven pragmáticas. Hoy por casualidad nos hemos vuelto a encontrar. Tu buscabas el mismo perfume que usas desde aquellos dás y yo una corbata para una junta importante. Ya no cambiaremos el mundo pero logramos cambiarnos a nosotros. Jamás logré escuchar ese disco completo contigo, después de ese día te lo quedaste y jamás volví a recordarlo.

Hoy que es tu cumpleaños y te he felicitado con un insípido abrazo distante, he recordado la última canción. La que había planeado para decirte que te amaba. “…And there’s nothing in the world that I ever wanted more, than to never feel the breaking apart all my pictures of you”. Es hora de despedirnos con la sonrisa de nerviosismo.

-Adios- me he adelantado para dejarte a ti la última palabra.

- Gracias por la canción. Tu poema lo perdí. Lo siento- fueron tus últimas palabras.

Julio Navarro

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