Cero amenazas

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México D.F., año 2015
En el año 2011, fue promulgada la reforma de la Ley de seguridad Nacional, después de causar mucho revuelo en todos los sectores de la vida nacional. En teoría, el objetivo de la ley era proteger la seguridad del Estado. En la práctica, la ley sirvió como fundamento legal para que los militares ejercieran la arbitrariedad libremente. Cansados de los continuos abusos, ha nacido un movimiento insurgente: un grupo de personas dispuestas a acabar con aquella situación.
I
—Presidente, hay una amenaza en Cuauhtémoc.
—¿Otra más? Ya es la cuarta de esta semana.
—Sí, señor. Parece ser que los insurgentes están organizándose. Nos indican que están formándose bastiones por todo el país.
—¿Las comunicaciones permanecen intervenidas?
—Como siempre, Presidente— respondió lleno de ironía.
—Bueno, General, ¿Qué está esperando? Las órdenes son las de siempre. Eliminen a las amenazas.
—¿Y el procedimiento?
El presidente lo miró lleno de desdén.
—¿Cuál procedimiento?
El General asintió. Enseguida, tomó el teléfono y dio la orden de que fuesen detenidos todo aquel que resultase medianamente sospechoso. Claro estaba que él podía hablar confiadamente por el aparato. Tanto él, como un privilegiado círculo de allegados al gobierno podían mantener con seguridad largas conversaciones. Sus líneas estaban seguras.
II
En alguna calle de Cuauhtémoc
—Usted no tiene derecho a transitar por esta zona.
El hombre se dio la vuelta, y vio que el militar le estaba apuntando directamente a la cara con su arma.
—Disculpe, oficial…
—Coronel— le espetó, mientras mantenía el arma en la misma posición
—Está bien, Coronel… Como usted diga, pero, ¿Cree que habría alguna posibilidad de bajar esa arma?
Martínez soltó una sonrisa sardónica. Tener todo aquel poder le resultaba el vicio más placentero.
—Sabes que te puedo disparar ya mismo en la cara. Sólo con decir que eras una amenaza para la seguridad del Estado es suficiente para lavarme las manos.
—Algún día pagarán todas las que han hecho.
—Me está faltando el respeto.
—Sólo le digo la verdad— masculló.

Con la mirada llena de ira, bajó el arma lentamente, mientras el hombre tragaba grueso. Por algunos milisegundos tuvo la sensación de haber evadido la amenaza, pero al captar la lujuria que despedían sus ojos, supo que aquello sólo había comenzado. De repente escuchó un disparo, y sintió un profundo dolor en su pie derecho.
—Estás arrestado, por desafío a la autoridad.
Aquel hombre quiso soltar un aullido de dolor, pero sabía que aquello no haría más que complacer la sed de sangre de aquel asesino con placa. Para su pesar, no logró dominar sus rodillas y estas flaquearon ante la sensación de dolor. Rápidamente todo su peso se derrumbó en el suelo. Lo siguiente que sintió fue la punta de la bota clavarse directamente en su estómago, acompañada por un escupitajo.
—Levántate, cabrón.
Su voluntad entera se debatía si entre hacerle caso a ese “Coronel”, a pesar que hacerlo implicaba hacer un esfuerzo casi sobrehumano; o si quedarse allí tirado, deseando su muerte. Lo único que pudo darle por toda respuesta a su orden fue un tosido acompañado por sangre.
—Si quieres mátame— decidió finalmente.
—Si tú me lo pides…
Lo último que escuchó aquel hombre en su vida fue el sonido sordo de ese disparo.

Paola Maita
@microSuenos

Imagen: European Parliament

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