Cruzando Vallecas, el usuario (treinta y pocos, barba de tres noches, peinado a lo Assange) me habló del último escándalo de dopaje en el deporte mientras liaba un cigarrillo, “pa luego”:
- Los artistas se drogan y no pasa nada. Nadie se escandaliza cuando tal o cual cantante compone un temazo bajo los efectos de la farlopa. Admitimos que ese tío necesite forzar su coco con mierda para estirar la creatividad, o para aguantar una gira. Nunca oirás decir que Keith Richards es un drogata de mierda, sino todo lo contrario. La peña dirá “qué cabrón. Lleva cuarenta años poniéndose hasta las cejas, y ahí está”. Por eso no entiendo que todo el mundo se eche las manos a la cabeza cuando un deportista de élite se mete anabolizantes, o lo que sea. Los deportistas son mendas que tratan de forzar su cuerpo al igual que los artistas fuerzan su coco. Pero no sólo por meterse mierdas ganan medallas o venden discos. Por muchos esteroides que yo me meta, te aseguro que no sería capaz de correr siquiera los 1.500, como la Marta Domínguez esa. Y por muchas drogas que me metiera jamás habría podido componer temas como Like a Rolling Stone. Son gente especial, tienen un “don”, y no hay más que hablar. Con sustancias o sin ellas.
El usuario era camarero. Le llevé al bar donde trabaja desde hace más de 15 años. Hoy sólo había dormido dos horas: ayer se “lió” y llegó a casa a las 9 de la mañana (a las once y media tomó mi taxi duchao y peinao). Antes de bajar, me dijo:
- Me quedan 14 horas de trabajo por delante. Aún me quedan 10 minutos para entrar, así que déjame en ese otro bar. Me da tiempo a tomarme una cervecita, para despejarme. Es lo mejor. Ni café, ni hostias. Una cerveza con su tapita de callos, y como Dios.
Aquello me dejó más conmocionado que sus propias alabanzas a los artistas o deportistas en general. Ni Marta Domínguez, ni Keith Richards. El héroe era él.
Daniel Díaz es, según sus propias palabras taxista, o taxidermista (según la piel del viajante). Escritor a tiempo parcial y lector insaciable de espejos a jornada completa. Licenciado en Espejología del Profundismo por la Universidad Asfáltica de Madrid (UAM). Bufón y escaparatista de almas. Conduce un taxi desde donde observa la vida y vive en Madrid. Escribe en el blog Ni Libre Ni Ocupado. Síguelo en twitter @simpulso
Este texto no es copyleft y ha sido reproducido únicamente con permiso del autor.
Foto: Ni libre ni ocupado
